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19 mar. 2014

Sedme sinceros

Sedme sinceros… ¿Realmente os gusta saber la verdad?

“A mí me gusta la gente que va con la verdad por delante, porque la sinceridad es fundamental cuando te relacionas con otras personas. Si tienen que decirme algo que va a disgustarme o a hacerme daño, que lo hagan; prefiero mil veces eso a que me tengan engañado. La verdad a veces duele, pero siempre es mejor conocerla.”
¿Cuántas veces habéis escuchado afirmaciones de ese estilo en boca de personas que posteriormente se han cabreado o, como mínimo, molestado cuando les habéis dicho una verdad hiriente o incómoda de oír? Seguramente en más de una ocasión. E incluso me atrevería a afirmar que vosotros mismos habéis sido alguna vez los ofendidos por esa verdad que tanto ansiabais conocer. ¿Me equivoco?
Siendo así, ¿por qué nos empeñamos en aseverar con tanta convicción que la sinceridad nos gusta y que queremos que nos la digan siempre, por muy desagradable que sea? ¿Por qué tanto afán en intentar erigirnos como baluartes de la sinceridad y la verdad si a la mínima oportunidad demostramos lo contrario?
La respuesta es tan simple como simple es la naturaleza humana: las personas siempre pretendemos controlarlo todo y esto conlleva conocer en todo momento cualquier eventualidad que suceda en nuestro entorno o tener constancia continua de cualquier cambio en las emociones o pensamientos de cualquier persona que nos rodee. En otras palabras: no nos gusta vivir al margen ni engañados.
Pero ¿significa eso que nos gusta la verdad? En absoluto. Porque una persona puede querer saber la verdad, pero eso no implica que esté preparada para saberla y mucho menos que le guste. A modo de comparación rápida, la gran mayoría de las personas queremos encontrar un empleo, pero no todos estamos cualificados y que me aspen si a alguien le gusta trabajar.
Y es que la verdad como concepto suena muy bonito e idílico y las personas, por lo general, tendemos a idealizarlo y a fijarnos sólo en su lado más positivo. De ahí que no tengamos ningún reparo al exigirla: no nos damos cuenta de la responsabilidad que conlleva su conocimiento (y que no todo el mundo posee) ni de las consecuencias desfavorables que su entendimiento puede llegar a encerrar.
Además, sucede que la verdad es relativa hasta cierto punto y lo que para unos lo es, para otros no. Tal es así que incluso una misma persona puede considerar algo como verdadero en un momento concreto y que más adelante deje de hacerlo, o viceversa. La pregunta que deberíamos plantearnos entonces es si realmente merece la pena conocer una determinada verdad o hasta qué punto la merece.
Porque, si no es así, o no lo suficiente, quizá no tengamos motivos para querer saberla. Si los tenemos, probablemente sí queramos conocerla, pero incluso en este caso, antes de poder exigirla, debemos asegurarnos de estar preparados para escucharla. Y, así y todo, nada puede garantizarnos que nos vaya a gustar. Porque, a la hora de la verdad, no siempre le llega su hora a la verdad.

1 comentario:

  1. Que gran verdad....me encanta tu manera de expresarte y raras veces coincido totalmente en forma de pensar de alguien y menos en este tema...digamos que soy demasiado sincera y reiteradas veces me he cuestionado si debo ser asi de directa y clara para no herir al personal....xq serlo????o xq darle la espalda a como realmente soy???? Tengo yo el problema o soy el problema de los demás cuando me muestro tal como pienso y soy????dificil no???perdona me he enrollado jeje saludos

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